Ciencia y Sociedad

Saturday, January 13, 2007

ARQUITECTURA e HISTORIA 1

Estragos de la Piqueta en México

Es explicable que dominen los historiadores -o interesados en la historia- mayores de edad; los recuerdos asaltan. Si bien es cierto que con la edad la memoria de corto plazo se abate o es víctima fácil de las trampas de la distracción, la memoria de largo plazo, de los sucesos añejos, mejora notablemente al hacerse viejo. Recuerdos almacenados en la bodega de la infancia y juventud, salen a relucir nuevamente. Basta una voz, una melodía, un olor o una imagen del pasado para que vuelvan a flote...
En particular me preocupa el destino y destrucción de inmuebles viejos, en particular aquellas casas habitadas o que han tenido, una relación con personas eminentes o hechos históricos. Al respecto debo decir que ignoro si existe alguna corriente teórica mas allá de “la interdisciplinariedad” que vincule a “la Historia” con ¿”la Arquitectura”? de inmuebles, edificios o casas y su entorno espacial; solo me atrevo a señalar que, en muchos casos, esas construcciones se vuelven iconos –para bien o para mal- a lo largo de los años. Las veo algo así como reliquias arquitectónicas vernáculas o formales que pueden ir desde un inmueble de la Inquisición o un asesino, hasta la casa de un notable en la historia.
Recuerdo así aquella tarde fría de otoño, en Viena –calle Berggasse 19 - donde se amontonaba en la calle un centenar de personas atendiendo el comentario del guía a las puertas de un edificio cerrado ya a esa hora, donde habitó, hace un siglo, Sigmund Freud, asimismo recuerdo la ocasión en que visité el estudio inalterado de Copérnico en la Universidad Jagelónica de Cracovia –siglo XIV- La existencia presente de esas edificaciones del pasado, permite aprender -y aprehender- “Historia” con todos los sentidos y no solo memorizando hechos y fechas. ¿Como está este asunto entre nosotros, mexicanos?

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edit. Vuelta, Espejo de Obsidiana, Fundación Cultural Televisa 1992, Méx.

Reflexiono sobre ello enfocándome a las casas particulares de personas notables en nuestra historia. Algunas que me son familiares sobreviven aún en Coyoacán y San Angel, como las de Diego y Frida, la de Trotsky, o la de "Indio” Fernández, por señalar algunas. Otras ya no existen: la de Dolores del Rio, la de Salvador Novo ¡cronista de la Ciudad de México! ubicadas hasta hace poco en esta antigua Villa de Coyoacán tan llena de historia y tan mutilada dia a dia por las autoridades bajo la complacencia de sus habitantes.
Parece ser que el asunto no es novedad, toda vez que en referencia a toda la Ciudad de México (¿y otras del resto del país?) se nos señala que, en efecto, predomina desde mucho tiempo atrás, la acción demoledora de la piqueta… Guillermo Tovar de Teresa, también cronista de la ciudad, apunta descarnadamente en uno de sus libros: “Nunca tendremos una idea aproximada de la historia artística de la ciudad de México, de su aspecto y de su acervo, si no consideramos lo que ha sido destruido en los últimos 400 años. Es asombroso que en un lapso de cuatro siglos se haya demolido tanto: el siglo XVI devastó a la ciudad indígena; el XVII, a la ciudad de los conquistadores y el XIX a la ciudad barroca de los siglos XVII y XVIII. El siglo XX, el más responsable por ser el más consciente, ha sido el mas avallasador y el que la ha convertido en un monstruo apocalíptico”.



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Los dos tomos de esta impresionante obra hacen un escrupuloso comparativo iconográfico del ayer y el hoy en nuestra ciudad que “no solo busca provocar la indignación”… por la destrucción centenaria -que ciertamente provoca- sino el planteamiento, en paralelo, de una pregunta complementaria ¿como fue que socialmente y a lo largo de tanto tiempo, se permitió? Surge otra interrogante consecuente: ¿se podrá conmover aún a los 25 millones de “ciudadanos” indiferentes a la mutilación urbana de lo que queda y que persiste cotidianamente?



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